Linda mañana.
Awwwwww
qué
tier
na
Pego las palmaditas, no palmas, aplaudí conmocionado.
Y coloco el dorso de una mano a la altura de la oreja
sin explicación, cualquiera pensaría que quiero dormir.
Claro que aún me quieres,
segura y determinada, demencialmente convencida
de derretirme con la calurosa ternurita.
Siendo charco de cera, ¿qué daño puede causar una vela agonizante?
Ni su humito póstumo quema una de las rayitas
de tu huella dactilar.
Solía decirte, «¡Qué profunda!»
pero ahora,
«¡Qué lindura!»
Y acostados en la arena albina
caribeña
confieso, una vez más, la obvia redundancia
¡Cómo disfruto reír contigo!
¡Música Maestro!
Me multiplico
te canto en coro, impecablemente
al unísono
¡No te desaparezcas
ni por mil poemas estrujados y atinados
al bote en la esquina, al lado de la puerta
y estás ahí,
mirando microscópicamente
a
la
pupila
contrayéndose
y dejando el campo abierto a los himenios del iris.
Comentarios
Publicar un comentario